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viernes, 25 de enero de 2013

LAS PRIMERAS CRÍTICAS DE LA TEMPORADA 2013!!


Moreira, por Pedro Benítez
Sangre gaucha

  Aunque el gaucho canónico que nos hacen leer en el secundario, léase Martín Fierro, sea el que  mejor resiste la crítica literaria, el verdadero gaucho social, y dramático, es el Juan Moreira: si uno fundó la literatura épica argenta, el otro, folletín masivo y menospreciado, terminó fundando nuestra dramaturgia, no tanto como palabras a representarse sino como puesta nacional y popular. Que la haya montado una familia de gringos, los Podestá, forma parte de nuestra idiosincracia, el mestizo atávico mixturado con el mestizo cultural. Pero ahí los méritos sólo empiezan. El Fierro se lee completo adicionada la Ida a la Vuelta, cuando José Hernández pasó de apocalíptico a integrado, de federal renegado a Senador, y borró con el codo lo que antes había escrito su conciencia herida, más resentimiento personal que denuncia histórica. Fierro quedará uncido al empaque de argentino típico, ese que odia al Estado y sus políticas, desprecia a los indios, se burla culposamente del negro, detesta a los inmigrantes, ama al patrón y recuerda la fiesta en la cocina de la estancia —y no estoy citando a Joaquín Sabina. Moreira encarece al vengador de una clase racial, una exacerbación de Fierro, exasperada, un perdedor en toda la línea, la víctima convertida en victimario que hasta gozó del poder de su violencia junto a un poder manipulador mayor, el de los Alsina y los Mitre, los cuales no le perdonaron su ética de los márgenes. Juan nunca reencuentra a sus hijos para darles consejos, jamás sentencia que el sirviente obediente hará bueno al mandante, ni que olvidar lo malo también es tener memoria. Analfabeto, elemental y corajudo, Juan M ya nació póstumo, lo narran en tercera persona y desde el comienzo nos citamos allí sabiendo que caerá. Fierro quiere ser cualquier gaucho y es él solo. Moreira quiere solamente ser él y culmina siendo todos.
  Estas premisas de previsibilidad despiertan en Pedro Benítez su propia elaboración, seguro de plasmar sobre todo una cosmovisión visual y no un libreto, de suyo harto conocido. Advertencia necesaria, hemos de participar de una leyenda en imágenes, no de una sorpresa en diálogos. En este Moreira convergen las tradiciones teatrales, y cinematográficas, del mito, y la lejana base novelesca de su primer padre ficcional, Eduardo Gutiérrez. Bien el subtítulo: la sombra de un hombre. Fierro fue un hombre que mutó en sombra de sí mismo y luego recuperó la silueta; Moreira es la sombra siempre, y la de su clase, sin reparación excepto la postrera de la escritura. Que existan recitados con rima y lenguaje dialógico ofrece la pauta de la hibridación. Que un maestro de ceremonias trajeado y tan joven como el futuro abra y cierre los cuadros, y finalice la puesta, aporta incluso la crónica objetiva.
  Cita al pie en el medio. Benítez tiene dos maestros, Antonio Mónaco y Viviana Ruiz, y ambos influjos se manifiestan pero a esta altura ya adquirió un estilo intransferible. La cámara negra, los personajes múltiples en el cuerpo de un único actor, el ritualismo escénico, el aprovechamiento integral del espacio, lo caracterizan. Y la conducción del intérprete. Las brujas que acompañan y entretejen las escenas, casi inidentificables en el traperío de colores que les cuelgan, derivan de otro clásico, Shakespeare, y la apasionada contemplación de Leonardo Favio, el de Nazareno Cruz. El casting interno, de una precisión notable. Nadie mejor que Gabriel Delgado para el alcalde bravucón y el político hipócrita. Igual de impresionante la breve entrada de Daniel Miño, el contrincante de facón al servicio del puntero zonal. Fabio Herrera, ladero y fiel amigo de JM, como Beto Clerf, también son compositores indicados. Los rubros técnico-estéticos, resueltos en casa, redondean el fresco. Herrera y su arreglador, Juan Pablo Sabater, le inyectan la música y Benítez la incluye prácticamente en todo el desarrollo —otra cercanía al cine. Ni hablar de la asesora en vestuario Mónica Arrech, una especialista: cada intervención suya se nota y marca la diferencia. Del elenco femenino se hace difícil encontrar fisuras, moviéndose en doble máscara, y así la Ruiz pasa de bruja a la Muerte ataviada de blanco y subida a coturnos, una resolana griega que le da, además, aspecto estremecedor. Gabriela Benedetti constituye el trío de brujas burlonas y se torna en una Chacha intensa. Cecilia Martín, la tercera hechicera, cruza al rol de la Vicenta. La estructura funciona basada en relámpagos de acción, como las tomas de una película, y a un tiempo se enhebran mediante mecanismos típicamente teatrales. Muy eficaz, en ese sentido, el uso de cortinas, y más aún el largo velo negro que cubre, delante de nuestros ojos, los aprestos del desenlace. El remplazo de un gran despliegue en la secuencia de lucha contra la partida por el héroe envolviéndose en los telones, a los gritos, quizás sintetice la habilidad e inteligencia de Benítez para resolver teatralmente panorámicas que suele implementar el western.
  No le faltan algunas máculas, eso sí. El recurso al árbol florecido de velas tiene un efecto a primera vista impresionante, pero (me parece) el teatro marplatense abusa de su facilismo y llega a ser una trade mark un tanto cansadora. El duelo a cuchillo entre Moreira y Contreras debió ensayarse más en dirección coreográfica y plástica y se lo ve plantado con alguna torpeza.
  Tampoco faltan avances significativos, al menos dos. El regreso de Viviana Ruiz a las tablas esta vez de aquel lado, y su desempeño llamativo, y casi un escalón arriba de la media local en materia de actuación, nos revela a una actriz que, digámoslo, no tiene derecho a seguir quedándose afuera. El otro, la aparición de Sebastián Benítez, de apenas 14 abriles, en el círculo, austero y distante, de recia voz e impactante apostura —parece de más edad—nos reenvía a lo que la sangre hereda…y cómo.
  Dicen las buenas lenguas que Pedro, de chico, jugaba a ser Moreira cuando sus amigos jugaban a soldados de la serie Combate. Su rostro mismo no deja de memorarnos al Bebán de Favio, cuya fulguración en los tempranos setenta marcó a nuestra generación. Después de su trabajo directriz en algo tan distinto como El vestidor, ratifica una condición de elasticidad y talento infrecuentes, en una temporada que apostó a la reiteración y lo probado. Un país y un teatro necesita héroes: Moreira, la sombra de un hombre, proporciona mucho de ambas cosas.

Gabriel Cabrejas 

 Investigador, crítico teatral, integrante del GIE (grupo de Investigaciones Estéticas de la UNMDP)
Enero 2013
Nuestros principales objetivos son crear un espacio que nos permita entregarnos al arte como compromiso radical con lo que somos. Como ámbito donde se descubren e inventan las palabras que nos permiten actuar y pensar. Ser un lugar de intercambio de nuestros pensamientos, con el fin de repensar, es decir un lugar para comprender. Posibilitar la acción de cada uno, en un espacio común e igualitario, es decir, el surgimiento de la Libertad.

LOS PRIMEROS EN ESTRENAR EL PISO

LOS PRIMEROS EN ESTRENAR EL PISO
Alumnos del taller de teatro para niños coordinado por Belen Manetta.

EQUIPO DE TRABAJO

La mano de obra de la construcción del piso, fue absolutamente realizada por el grupo de EL SEPTIMO FUEGO junto con alumnos del IAT y la Asamblea Popular de plaza rocha. En tres jornadas intensivas trabajamos: Marcos, Fede, Ale, Daniela, Ely, Cami, Mumi, Matias, Fabricio, Marcelo, Agustin, Mariano, Vivi, Marcela y Jorge.

MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS Y A TODAS.
"NOSOTROS EXISTIMOS, PORQUE EXISTEN USTEDES"

intervención callejera "NOS TIENEN MIEDO"

intervención callejera "NOS TIENEN MIEDO"
a dos años de la desaparición de Julio Lopez, el Séptimo Fuego interviene en Plaza Rocha.

Elenco de "El Predilecto de los Lepidópteros" Junto a su Autor: Norberto Presta

Elenco de "El Predilecto de los Lepidópteros" Junto a su Autor: Norberto Presta
En compañía del Maestro Renzo Casali

Elenco de "Maximiliano diez años después" en el teatro de la fiesta nacional de Formosa 2008

Elenco de "Maximiliano diez años después" en el teatro de la fiesta nacional de Formosa 2008
recién finalizada la función en el teatro Utopia 2000